9 de junio de 2012

La Euro del fin del euro, partido 2: Rusia 4 - República Checa 1

* Mi hijo está haciendo el durísimo ingreso a un colegio secundario del viejo estilo. El miércoles cumplió 12 años. Esta semana arrancó (bien, parece) con los parciales. Recién, sábado 8:15 am, lo dejé frente a los viejos claustros de Bolívar y Alsina, y en el instante anterior a entrar a su parcial de lengua, como olvidado de las exigencias académicas, me preguntó:
--Pa, el lunes jugamos con Patronato, ¿y después cómo es? Chaca en el Gigante y Desamparados en San Juan, ¿no?
Colegio Nacional de Buenos Aires o no Colegio Nacional de Buenos Aires, el pibe está pensando 24/7 en nuestro querido Rosario Central en pleno ascenso.


* El fútbol es un gran educador, inicia a los niños atravesados por la revuelta hormonal en los rituales violentos y hermosos de la masculinidad. León empieza a andar solo por la calle, y ayer en algún sucucho de la calle Ecuador se compró un juego de la Play, el Pes adaptado a la realidad argentina, que incluye cantitos de cancha (esas óperas varoneras). A la noche, jugamos un partido antes de dormir y él eligió, por supuesto, jugar con Central. Yo me hice el loco y elegí Crucero del Norte, un equipo del Argentino A. Parece que Crucero tiene hinchada brava, que se hizo escuchar en el Gigante de Arroyito gritando lo que todas las hinchadas que reciben a Central: "Oh, son los comegatos, son los putos de Rosario" (durante la hiperinflación del 89, un medio sensacionalista publicó que unos muchachos de una villa rosarina, alguno con camiseta de Central, fueron vistos comiendo un gato asado).
La vida no es tan bella, pero también lo es: eso aprenden los niños a través del fútbol.


* También aprenden, los niños, que en la vida hay que tomar partido. Que toda elección es arbitraria, pero que hay que tomar decisiones y bancarlas: que la identidad se construye a través de la toma de decisiones muchas veces impulsivas, a las que luego se les da una justificación racional. Ser hincha de un club es tan arbitrario y pasional como ser cualquier otra cosa (kirchnerista, liberal, artista, abogado).


* Para todos los que vivimos parte de nuestra vida durante la Guerra Fría, un enfrentamiento entre Rusia y Checoslovaquia fue siempre uno en el que había que tomar partido.


* Siendo generoso con la periodización, soy hijo de una relación sexual habida en los swinging sixties, la edad de oro de esa juventud que bajo los efectos de la economía de los electrodomésticos creyó que cambiaría el mundo. Praga y Coca Cola, la lucha era una sola.


* La Primavera de Praga fue un intento de democratizar la dictadura comunista, un intento aplastado por los tanques soviéticos. Para los que estábamos de este lado, para nuestros padres, fue el símbolo de la lucha por la libertad y contra la opresión, en una época en que usar esas palabras tan altas todavía tenía sentido.


* Si nosotros gustamos de saltar para demostrar que no somos ingleses, qué no saltarán los checos para demostrar que no son rusos: Europa Oriental es ese lugar donde practican tiro los rusos y los alemanes.


* Cuando la maquinaria comunista le puso orden al salvajismo eslavo, y los países del otro lado de la Cortina de Hierro arrasaban en los Juegos Olímpicos y colaban siempre un semifinalista en los mundiales, sólo los malos de verdad, los seres realmente oscuros, hinchaban por la URSS cuando se enfrentaba contra Hungría, Polonia o Checoslovaquia.


* Claramente, los checos tienen, siempre tuvieron, los nombres más bellos, nombres de ternura latina cortada por la dureza consonante eslava: Petr Jiracek, Milan Baros.


* Una de la inefable Wikipedia: El territorio checo fue unificado a finales del siglo IX por la dinastía de los přemyslitas(checo Přemyslovci, este nombre significa los que piensan mucho). Sí, los checos piensan mucho.


* De fútbol, sólo tengo para decir que, otra vez, los tanques ligeros rusos aplastaron a los pobres checos.

1 comentario:

tetrabrik dijo...

el portero checo, tiene como apellido el gentilicio. eso no debe ser algo menor.

a los rusos esa sutileza les pela la corneta: le rompieron el orto.