El tren es un tour de sinceridad nacional (Martín Wilson)
Perdón por ser tan políticamente correcto, pero esa es la manera como me siento.
Es tan difícil tener siebenundzwanzig
un drama por día: que Zeta no me llama
que qué sentido tiene todo lo que hago
que no quiero lo que viene
sino lo que quiero.
Dice TN:
Serrat y Sabina grabaron con la orquesta del Titanic.
Los problemas con los que uno debe lidiar para escribir son:
a. la frustración
de tener cinco documentos abiertos
y no poder trabajar sobre ninguno
b. que el resto sea más brillante que uno
c. el reconocimiento
c.i.si en los próximos cinco minutos nadie pone un “me gusta” a la traducción se me
cae el mundo
Este poema es una mierda
o
no es un poema
y
es una freakeada
uno debe tener un lugar propio.
La relación con el alemán
más que un noviazgo fue
un entrenamiento de guerra:
A.
Desembarqué con cinco grados bajo cero
en los bosques de Amrum
una isla al norte
del Mar del Norte
entre Dinamarca y Alemania.
B.
Si estiraba las manos para adelante
la niebla era tanta que la visibilidad
llegaba hasta las muñecas.
Amputación de manos.
C.
Marchábamos todo el día por caminos
rodeados de pastizales
escuchando el sonido
bajo de un mar negro
por una playa-reserva de cuervos
Atrás
nada
adelante
nada.
A la vuelta
cinco nenas rubias
esperaban en la parada
del bus
arriba de monociclos
sostenidas con
los músculos de los abdominales
no sentían frío
me habrían podido matar.
En la habitación
comíamos dos huevos
duros
cada uno
tomábamos
medio litro de agua
hacíamos el amor
fumaba
llenaba la habitación de humo.
Desde el aire que respirábamos en adelante
en pocas cosas nos poníamos de acuerdo.
Al final
todo se pudre.
Los poemas
son elitistas:
ocupan
mucho
espacio
precisan de
mucho
papel.
Charles Bukowski, "1813-1883" (The Pleasures of the Damned, página 131).
(Silbidos)
I follow the Moskva (the moscuá)
Down to Gorky Park
Dale silbá
Llevame a ese mundo en el que no había tuíra
y de boca en boca derrumbábamos paredes
Llevame
a la magia del momento
en una noche de gloria
en la que los pibes del mañana viven
para subir la foto en facebook
y piensan -
luego twitean.
¡Dale muchacho de tu era!
Llevame a la magia del momento
de una noche
gloriosa la noche.
El viento te da en la cara
¿Lo sentís?
¿De qué signo sos?
¡Oí ese punteo!
¿Viste Pelotón?
Willem Dafoe levantaba los brazos gritando un gol del Diego
¿Viste desaparecido en acción?
Chuck Norris nos vendió el Abdominaizer
El proceso histórico se interrumpió, ¡por suerte se rompió!
¡La necesidad se confundió con el deber
pero no te pongas un bar!
Dale no mientas más...
que sabemos te gustaba
la canción el himno de la democracia de Scorpions
Dale!
Llevame
a la magia del momento
en una noche de gloria
donde los pibes del mañana
comparten sus sueños
con vos y yo.
The Wall de Pink Floyd costó más plata que la de Berlin.
¡Pero dale!
Lleváme!
Y que el viento nos dé en la cara.
(Silbidos)
Original: "so you want to be a writer" en Sifting through the madness for the word, the line, the way (2004). pp. 3-5.
Traducido por Julieta Mortati
si no te sale de repente
No sé, no sé,
ni quiero saber,
ni me interesa oír como vino la mano en la selección, Coco.
Lo único que sé es que yo te banco.
El tarambana periodista deportivo
te puso "El señor Pelo de Chinchilla"
y me parece un apodo repugnante.
Un apodo que no va
con la estirpe de un caballero de la conducción técnica.
¡Si muchos imberbes del verso y de la oración deportiva supiera lo complejo que es dirigir a un equipo de fútbol!
¡Tantos egos en juego!
¡T u e go!
a s e g o s en j
n o
t
¡Tantos fucking egos en fuego!
¡Tantos egos y juegos en fucking!
¡Solo una persona que haya vivido una situacion semejante sabe lo que eso representa!
¡Los egos son un dolor de huevos!
¡Es la conducta del crack ante el pueblo que todo lo perdona!
Pero ahí sigue en pie,
el Coco Basile, un señor director técnico que ¿fracasó en la selección?
Azules están los campos porque vuelve el Coco.
La Bombonera ruge como si le hubieran puesto una bomba en el culo.
Los detractores llenan las páginas de los diarios a doble columna.
Hay traidores,
hay desestabilizadores.
No quiero ni pensarlo.
El buen amigo de Bahía Blanca regresa con su bolso al hombro ahora para comenzar una nueva etapa en Racing. ¡Una vez mas!
Viene a dirigir al equipo.
Admiremos a los hombres que se atreven a dirigir pelotones enteros de pataduras, burros, soberbios que deberían estar limpiando vidrios de autos.
(Con todo respeto hacia los limpiadores de vidrios de autos, eh).
Los futbolistas actuales le birlan el puesto a los limpiadores de vidrios de autos, eh.
Admiremos al caballero del fútbol argentino aquel que se sentó en el banco a enseñarle a actuar a estos muertos inválidos.
Taller de escritura samurai
Siguiendo con la modalidad poemas presidenciales, va uno de Hugo Emilio Sánchez, natural como Ella de Tolosa, partido de La Plata:
Anoche soñé que era kirchnerista,
que cenábamos vos y yo en una mesa política
que en la mesa de al lado
cenaban los Kirchner, el Presidente
-así les dicen, en España
y en los Estados Unidos a los ex- presidentes:
Presidente, y la Presidenta. Como era verano, y hacía calor
y era una cena política pero informal
el Presidente y la Presidenta estaban descalzos.
Vos -eso me pareció- estabas más atenta a los discursos:
yo sólo miraba los pies. Los pies flacos y largos
del Presidente, los pies de la Presidenta tratados
en pedicuría -tratamiento que no lograba disimular
ni las anfractuosidades del pie presidencial ni
unas durezas amarillas en la base del talón. El
Presidente y la Presidenta discurseaban
se interrumpían amable y amorosamente
se reían y cada tanto se levantaban para marcar cosas
en un mapa que había sobre un pizarrón -momentos
que yo aprovechaba para focalizar más y más
sobre los pies presidenciales. Cada tanto, dejaban
que otros hablaran también: era, a su modo, una
bajada de línea coral. Para orgullo y alegría de nuestra mesa
en un momento le dieron la palabra a un joven que
estaba sentado con nosotros: no más de veinte años
y vieran qué locuacidad, y qué celebrada su locuacidad.
Yo -no, vos no, vos ya eras de allí- que era un recién llegado
tuve que preguntar:-¿y este quién es?
-Dolci, me dijeron. Es el sobrino del diputado Dolci.
Pero Dolci, pensaba yo en el mismo sueño, dándome cuenta
de que se trataba de un sueño, es el número 8 de Ñuls, que
anoche, mientras me quedaba dormido, perdía tristemente
contra un equipo boliviano. Sin embargo, la potencia
de la ficción le ganaba a la pobreza del realismo futbolero y Dolci
con su insoportable juventud hablaba y hablaba e incluso
contrapunteaba con los presidentes en esa linda cena
de verano y de calor en la que no todos estaban
contentos. Mi cuñado, por ejemplo, que se ve que quería
hablar pero no lo dejaban, o no lo invitaban, me decía:
-Acá, si no te llamás Dolci, no te dejan hablar. Yo trataba
de explicarle que era toda una confusión, que Dolci
no era diputado, que era un 8 medio malo de Ñuls.
Me he reducido a ser un hombre de Cristina
En esta época,
en estos días, en estos quilombos matutinos
me dejo llevar por la fantasía
que sale de la boca de una mujer.
No participo, estoy viejo,
mis hijos me dejaron mis nietos
para que los cuide.
No participo:
cuido críos.
Y la miro, la escucho a ella
por cadena nacional,
en bicicleta.
Mi Amada Cristina, morocha seductora
--me atrevo a imaginarle gordas caderas.
Mi Caderona Nacional.
La escucho, la veo
hablar por ejemplo
de cooperativismo,
de mujeres embarazadas que tendrán,
a falta de un marido,
su ayuda social.
La Morocha Nacional
no puede hacer
que nos enamoremos de otra.
Veo su cara, su cuerpo, sus palabras
su demoledora tristeza,
la tristeza evidente de su alma.
Su Infinita Tristeza
en afiches y letreros
por dondequiera que viajo
en la gran ciudad.
Se me pianta una lágrima,
no voy a negarlo.
No participo, estoy viejo
para cualquier militancia
que no sea
leer a Pepe Cuevas, a Lihn o a Teillier
Su foto en las calles
tomada de la mano
de unos niños rumbo al colegio.
Ah...
Estoy viejo para el kirchnerismo,
esa es la palabra exacta.
Pero no estoy viejo para Cristina,
se me pianta una lágrima.
La veo, la escucho, me reduzco
a ser un hombre de Cristina.
Mis hijos se separaron,
se emborracharon
y me dejaron sus hijos.
Hijos de hijos
Estoy viejo para la militancia
para el reduccionismo del kirchnerismo.
La veo, la escucho
esa tristeza evidente, infinita
de sus ojos
es la misma
de mis ojos
Oh Morocha Nacional
tomame de la mano
como un escolar pobre
y enseñame la Casa Rosada.
(publicado en revista enie de Clarín el 3 de junio de 2011)
En el momento en que empiezo a escribir estas líneas, la inspiración divina llega por debajo de la puerta. Un soplo energético, propiamente: la factura de Metrogás. Voy derecho a los tres caracteres que más me interesan, impresos en negro sobre fondo salmón: $32. Ocho dólares por el gas consumido en el bimestre (sí que primaveral) marzo-abril, en un departamento de 60 metros del barrio de San Nicolás.
Este obsequio clasemediero, deviddo más que divino, explica mejor las fanfarrias neomilitantes que los índices de pobreza o la improbable esperanza de que otra cosa que el precio de la soja sea la causa del crecimiento económico.
Los sueños revolucionarios de los jóvenes sesentistas fueron una consecuencia de la invención del lavarropas y la televisión, la invención de la juventud como sujeto de consumo. Las contraculturas políticas y artísticas tuvieron como función principal crear ilusiones que el mercado se ocupó de señalizar. Los experimentos del sinsentido, la anarquía y la poesía, son reapropiados de manera inesperada por la sociedad y el sistema. La Alegre Izquierda le hace el juego a Papá Derecha. Lo irrepresentable adquiere representación: kioscos estatales y la cosa siempre un poco sobreactuada de la acción afirmativa.
Los sueños populistas de los jóvenes de 2000 son una consecuencia de la invención de Internet y la telefonía celular. Esta es la era de las góndolas a ochenta centímetros del piso: todos somos artistas y los trendsetters son los niños. Las viejas figuras familiares se desdibujan, y señores en sus treinta y sus cuarenta danzan la cadencia de una adolescencia eterna. El pendeviejismo, etapa superior del kirchnerismo. El kirchnerismo, etapa superior del gorilismo. Los nacidos y las nacidas en los ochenta, hijos de los “consumos culturales” y de una ciudad formateada por el CBC, obsesionados con sus pósteres en los 90, hicieron su maduración rápidamente: de aquel decembrismo anarco al laburo en el Estado negrero.
Todos los militantes, digamosló, son rentados. Al igual que los artistas. El que diga que no es un gorila: se quiere diferenciar del pobrerío clientelar, mano de obra mal ocupada, ariete de la estética pobrista de las marchas al centro con que los jefes de las orgas sociales y políticas ejercen su raterío sobre el Estado superavitario.
Antes que semblar las fracturas y las rupturas, haríamos bien en cavilar sobre las continuidades. Abusando de la ironía leninista, qué duda cabe: el kirchnerismo es la etapa superior del menemismo. 1989-2011: modernización democrática al uso nostro. El griterío militante, el expresivo entusiasmo de las sensibilidades medias: espejitos de colores sobre el plano de fondo de un modo similar de construir la gobernanza y la fuliginosa escena pública.
El neopopulismo es un gesto producido desde la torre de marfil, desde la sistematización culposa de las ciencias sociales especializadas y desde la psicología de una generación que sólo puede revivir la guerra de sus padres (a diferencia de lo que pasa en los EE.UU., donde todas las generaciones tienen su guerra). Los hijos reales y simbólicos del exclusivo club de la guerrilla escucharon la palabra “fierros” en la bocaza de Néstor Kirchner y se plegaron a sus guerras imaginarias. Fuera de la pagoda griega en la que Beatriz Sarlo dialoga con Sócrates, y del trirreme hermético en el que Horacio González lo hace con su sombra, toda suma de caracteres embarra la cancha, desinforma. El origen social de Macri, eso sí, vino como anillo al dedo para que el culpoperonismo warholiano y digital de los chicos del corredor de Rivadavia encontrara su módica bestia blanca. Viejos y nuevos gestos superpuestos, mientras Internet acaba con la educación formal y las jergas excluyentes.