22 de febrero de 2012

El tren es un tour de sinceridad nacional (Martín Wilson)


El tren no se pierde, no puede, no sabe. No tiene esa libertad. Sigue la misma vía, es costumbrista. Cree en la rutina, ideal para los países en vías de desarrollo from here to eternity.
Llegar a Retiro tantas veces es un novela dramática. La decadencia insiste siempre, el marketing insiste siempre: promotoras rubias, globos de helio, mini zeppelins a color dirigibles branded. El tren que yo tomo llega de Tigre --“El Mitre” y su ramal de estaciones: Carupá, San Fernando, Virreyes, San Isidro, La Lucila, Vicente López, Nuñez, Belgrano. Sobre una de las viejas oficinas –de la colonia olvidada–, el arte callejero y un mural progresan: una locomotora vieja, imponente, inmigrante, con colores alegres y la ciudad de fondo que intenta ser moderna. ¡Parece Berlín!
Muchos vagones duermen al sol, desarmados. Cuántos pasajeros sueñan de hacerlos cabañas en la montaña o frente a alguna playa de alguna costa mosquito. Las cabinas, las instalaciones y el ferrocarril de Liverpool sobrevivieron más que los negocios, el saqueo.
Regazzoni se ríe y taladra en su estudio, un galpón tomado prestado. Ríe porque vive de los restos. En París todos quieren ver los restos. El arte del reciclaje, alambres, hierros, caños, fierritos, caños y basura devuelta hecho bella, el posavasos, la maceta de la era industrial en bruta elegancia. El arte del desuso.
De otro punto llega otra linea. Para que algunas lineas estén mejores otras tienen que estar peores. Y por eso, la comparación constante, las miradas que saben, se sospechan los destinos; cuántos rencores.
Ahí están llegando todos, parece una postal. A los costados la Villa 31 crece para arriba. Un par de casas llegan hasta tener cuatro pisos, desde el vamos que tenían sum. Están pintado todo de muchos colores. ¡Parece Pelourinho! Sobresalen los tanques de agua. Hay muchísimos tanques de agua. La autopista Doctor Arturo Umberto Illia (AV1 Norte), el acceso al centro de la ciudad desde la Lugones hasta la 9 de Julio, está muy viva. Noot Sear y Justin Timberlake perfumados por Givenchy Play miran todo. Están hermosos. Nadie les dijo que iban a parar ahí. "Cada vida es un mundo”, dice Personal móvil. La vida un quilombo, eso es personal.
El tren viaja por la parte de atrás. Te pasea por los culos de los mundos. Los baldíos, los jardines, los patios, las piletas, las pelopinchos, las bombachas, los calzoncillos, los enanos de jardín descoloridos, la parrilla oxidada, las tejas rotas. Las casas de espaldas no usan maquillaje. El tren es un tour de sinceridad nacional. Es casi siempre el deterioro del auge. Por es todo tiembla cuando pasa la máquina.
Este tren no chocó todavía. Ya va a chocar.

21 de febrero de 2012

¿Con cada poema se pierde una amiga? (Martín Wilson)


Estoy bailando
como el pelado de Midnight Oil 
en how can we dance when our earth is turning
para parecer distinto
moderno (en aquella época)
para tener paso, la letra no importaba
y que me mire Amalita 
en la fiesta en un médano de La Barra no colonizada
Punta del Este 92.

Años después discutiría con su novio punk
Me tuve que ir de su casa
Bajate del escenario le dije—. Nadie te está escuchando
Lo dije en forma de eslogan, con uppercut, para impesionarla
pero me tuve que ir de su casa. 
Pero te reíste Amalia, no sé si querías realmente que me vaya
(así lo quiero recordar). Me peleaba por vos.
Y me volví solo manejando el renó 11 blanco de mi vieja.

I was just a poorboy como el del titanic
un bribón inglés que se enamoraba
de las más linda, la más sensible
y de yapa la más rica de todo el oceáno.

Te perdí de vista. Lo que el tiempo se llevó, Amalita. 

Nunca voy a olvidar la lección que me diste,
cuando invitaste amigas y amigos a tu casa
y yo llegué con un vino caro.
No hacía falta me dijiste con los ojos—. No es necesario.

Cuántas cosas que pasaron
sin pensarnos, independientemente de uno y de otro.
¿Quiénes somos? ¿Qué hicimos?
Lo que tuve que leer
para seguir sin entender todo esto.
En un solo día hay muchas personas
que pasan por nuestro pensamiento y en una vida demasiadas
como para recordarlas.
Cómo cuesta llamar la atención.
Cómo cuesta abrirse paso. Lo sabés. 

La otra tarde te vi en los diarios,en las revistas
Habías perdido a alguien. Todo el mundo sabía.
Te vi tan triste.
Tuve ganas de abrazarte, llevarte de viaje
a un mundo más simple.

20 de febrero de 2012

Sushi Pop (Martín Wilson)


Cuando, a las tres de la tarde, llegó el delivery Sushi Pop (el primer sushi para todos), el samurai tocó cualquier timbre, menos el mío. 
Yo no tengo timbre.
Greta Dreher, la de arriba, desde la ventana le tiró un balde de agua
¡Groncho de mierda! le gritó—. ¡Es carnaval!
La moto, los timbres y el prip prip del Nextel  habían alterado a Heil Greta
¡Y el próximo va para vos Wilson, pero con aceite hirviendo como a los ingleses!

16 de febrero de 2012

La granja de Sergio (Alfredo Jaramillo)


No voy a trabajar más en la granja de Sergio
No, no voy a trabajar más en la granja de Sergio
Así es, me levanto a la mañana
junto mis manos y rezo por sumarios
Tengo la cabeza llena de ideas
que me están volviendo loco
Es una vergüenza la manera en que me hace corregir las notas
No voy a trabajar más en la granja de Sergio

No voy a trabajar más para el hermano de Sergio
No, no voy a trabajar más para el hermano de Sergio
Así es, te tira unas chirolas
te tira unos mangos
y te pregunta con una sonrisa
si la estás pasando bien
Después te mira mal cada vez que vas a la asamblea
No voy a trabajar más para el hermano de Sergio

No voy a trabajar más para el viejo de Sergio
No, no voy a trabajar más para el viejo de Sergio
Así es, te hace escuchar
Radio Madres de onda
Las ventanas de la redacción dan
al edificio Libertador
Gendarmería y Prefectura cuidan la puerta

No voy a trabajar más para la vieja de Sergio
No, no voy a trabajar más para la vieja de Sergio
Así es, ella le habla a todos los colaboradores
sobre Cristina y el trabajo en negro
Todos dicen
ella es la que maneja al viejo
Tiene sesenta y ocho, pero dice que tiene veinticuatro

No voy a trabajar más en la granja de Sergio
No, no voy a trabajar más en la granja de Sergio
Así es, voy a dar lo mejor
para ser un chico pilas
pero todos quieren
que seas como ellos
Cantan mientras pagás el monotributo 
y ya me aburrió
No voy a trabajar nunca más en la granja de Sergio.

Poema verdad (Julieta Mortati)



Es tan difícil tener siebenundzwanzig
un drama por día: que Zeta no me llama
que qué sentido tiene todo lo que hago
que no quiero lo que viene
sino lo que quiero.

Dice TN:
Serrat y Sabina grabaron con la orquesta del Titanic.

Los problemas con los que uno debe lidiar para escribir son:
                               a. la frustración
                                  de tener cinco documentos abiertos
                                  y no poder trabajar sobre ninguno
                               b. que el resto sea más brillante que uno

                               c. el reconocimiento
                               c.i.si en los próximos cinco minutos nadie pone un “me gusta” a la traducción se me
                                    cae el mundo


Este poema es una mierda
o
no es un poema
y
es una freakeada
uno debe tener un lugar propio.

La relación con el alemán
más que un noviazgo fue
un entrenamiento de guerra:

A.
Desembarqué con cinco grados bajo cero
en los bosques de Amrum
una isla al norte
del Mar del Norte
entre Dinamarca y Alemania.

B.
Si estiraba las manos para adelante
la niebla era tanta que la visibilidad
llegaba hasta las muñecas.
Amputación de manos.

C.
Marchábamos todo el día por caminos
rodeados de pastizales
escuchando el sonido
bajo de un mar negro
por una playa-reserva de cuervos


Atrás
nada
adelante
nada.

A la vuelta
cinco nenas rubias
esperaban en la parada
del bus
arriba de monociclos
sostenidas con
los músculos de los abdominales
no sentían frío
me habrían podido matar.

En la habitación
comíamos dos huevos
duros
cada uno
tomábamos
medio litro de agua
hacíamos el amor
fumaba
llenaba la habitación de humo.
Desde el aire que respirábamos en adelante
en pocas cosas nos poníamos de acuerdo.

Al final
todo se pudre.

Los poemas
son elitistas:
ocupan
mucho
espacio
precisan de
mucho
papel.

15 de febrero de 2012

The girl of the novela (Martín Wilson)


"Es un don de la vida en su lindo y melancólico fluir y refluir constante".
Marcus Vinícius da Cruz de Melo Morais




Debe ser un quilombo la fama
--se basa en quilombos
Debe ser un quilombo ser hermosa

ni tu nombre sabía
--Es la del Elegido! --me decían
No me acordaba que sé yo, me perdí tu parte
(la rompiste dicen, la descosiste).
El trabajo es así
son un montón de novelas que pasan, pero vos no.
No pases, quedate

Los fantasmas tenés que leer –me dijiste
de Palahniuk –me dijiste 
y no lo consigo pero me lo voy a leer todo
para entenderte Srta.
para comprender el mundo, para pegar onda con algunas voces de tu cabeza
para tener donde agarrarme cuando te escriba, te piense o te hable.

yo sé que en el fondo
enamorarme de la nieta famosa
de un poeta cordobés
con genes de belleza 
es para quilombos, hermoso quilombo

Ay Calu Rivero ¿Por qué salís en todas la revistas?
ni sabía quién eras
Y ahora te sigo detrás de escena
donde las cámaras no llegan
y día a día actualizo el site de tu novela
que también es un quilombo

En su twitter le decís a tus fans
que viene Dylan
y yo ya busco temas del viejo
para pegar onda.

Srta
Qué buenos están tu genes.

10 de febrero de 2012

1950-2012 (Charles Bukowski x Debora Mazzola)

Charles Bukowski, "1813-1883" (The Pleasures of the Damned, página 131).

Traducción: Debora Mazzola



escucho a Spinetta
mientras afuera
el viento sopla
se viene la lluvia
los árboles se agitan
las luces hacen cortocircuito
la paredes crujen
y los gatos se esconden debajo de las camas…

el Flaco ataca la angustia
es commovedor y sólido a la vez
un luchador maravilloso
un gigante en un mundo de enanos,
un poeta sublime, un músico audaz
es una fuerza de sonido increíble
mientras acá

todo tiembla
todo se estremece
todo se retuerce
todo se vuela
es un juego intenso, feroz

sí, Spinetta y la tormenta se fusionan junto con el vino
mientras la noche
atraviesa mis venas y mi cabeza
y pega duro en el estómago

algunos hombres nunca
mueren
y algunos hombres nunca
viven

pero acá estamos
vivos esta noche.

9 de febrero de 2012

Llevame a ese mundo en el que no había tuíra (un poema de Martín Wilson)




(Silbidos)
I follow the Moskva  (the moscuá)
Down to Gorky Park 

Dale silbá
Llevame a ese mundo en el que no había tuíra
y de boca en boca derrumbábamos paredes

Llevame 
a la magia del momento
en una noche de gloria
en la que los pibes del mañana viven
para subir la foto en facebook
y piensan -
luego twitean.

¡Dale muchacho de tu era!
Llevame a la magia del momento
de una noche 
gloriosa la noche.

El viento te da en la cara 
¿Lo sentís?
¿De qué signo sos?

¡Oí ese punteo!
¿Viste Pelotón?
Willem Dafoe levantaba los brazos gritando un gol del Diego
¿Viste desaparecido en acción?
Chuck Norris nos vendió el Abdominaizer

El proceso histórico se interrumpió, ¡por suerte se rompió!
¡La necesidad se confundió con el deber
pero no te pongas un bar!

Dale no mientas más...
que sabemos te gustaba
la canción el himno de la democracia de Scorpions

Dale! 
Llevame 
a la magia del momento
en una noche de gloria
donde los pibes del mañana
comparten sus sueños
con vos y yo.

The Wall de Pink Floyd costó más plata que la de Berlin.
¡Pero dale!
Lleváme!
Y que el viento nos dé en la cara.
(Silbidos)


Talleres de escritura. Empiezan en marzo


Talleres de escritura, coordina Santiago Llach

Espacios de incentivo, introspección y entrenamiento en relación con la escritura.

Una vez por semana, duración por encuentro tres horas aproximadas.

Cuota mensual $ 350. Empiezan entre el 5 y el 9 de marzo.

Lunes a las 19:30 (Centro)
Martes a las 19:30 (Taller Samurai, meditación y escritura, coordinado con Tomás de Vedia)
Miércoles a las 11, taller de perfiles y retratos periodísticos, coordinado con Pablo Perantuono. Duración 12 semanas.
Miércoles a las 19:30 (San Isidro)
Jueves a las 19:30 (Centro)
Viernes a las 11 (Centro).


Informes e inscripción en santiago.llach@gmail

Se agradece la difusión.

30 de enero de 2012

Así que querés ser escritor (Charles Bukowski)

Original: "so you want to be a writer" en Sifting through the madness for the word, the line, the way (2004). pp. 3-5.

Traducido por Julieta Mortati

si no te sale de repente

y a pesar de todo
no lo hagas.
a menos que aparezca así
de tu corazón, de tu cabeza, de tu boca
y de tus tripas,
no lo hagas.
si te tenés que sentar horas
frente a la pantalla de la compu
y revisar todos los diccionarios
para encontrar esa palabra,
no lo hagas.
si lo hacés por el dinero o
porque querés ser famoso,
no lo hagas.
si escribís porque
querés cojer,
tampoco.
si te tenés que sentar a
reescribir una y otra vez,
no lo hagas.
si tenés que pensar en hacerlo
no lo hagas.
Si vas a tratar de escribir como alguien
que no sos vos,
olvidatelo.

si tenés que esperar la inspiración
entonces
esperá

paciente.
si nunca te inspirás
hacé otra cosa.

si primero se lo tenés que leer a tu mujer
a tu novia o a tu novio
o a tus padres o a cualquiera,
no estás preparado.

no seas como tantos escritores,
no seas como tantas miles de personas
que se llaman a sí mismas escritores,
no seas torpe ni aburrido ni
pretensioso, que no te consuma
el ego.
las librerías del mundo
bostezan hasta quedarse
dormidas
sobre las personas de tu clase.
no te sumes a eso,
no lo hagas,
a menos que salga de
tu alma un misil,
a menos que te vuelvas violento
suicida un asesino,
no lo hagas,
a menos que el sol dentro tuyo
te queme
no lo hagas.


cuando realmente sea el momento,
y si fuiste elegido,
se va a hacer solo
solo solo solo
hasta que mueras
o muera en vos.

no hay otro modo.
 
y nunca lo hubo.

25 de enero de 2012

Poema al Coco Basile (Washington Cucurto)

No sé, no sé,
ni quiero saber,
ni me interesa oír como vino la mano en la selección, Coco.
Lo único que sé es que yo te banco.
El tarambana periodista deportivo
te puso "El señor Pelo de Chinchilla"
y me parece un apodo repugnante.
Un apodo que no va
con la estirpe de un caballero de la conducción técnica.
¡Si muchos imberbes del verso y de la oración deportiva supiera lo complejo que es dirigir a un equipo de fútbol!
¡Tantos egos en juego!

¡T u e go! 
a s e g o s en j
n o


¡Tantos fucking egos en fuego!
¡Tantos egos y juegos en fucking!

¡Solo una persona que haya vivido una situacion semejante sabe lo que eso representa!
¡Los egos son un dolor de huevos!
¡Es la conducta del crack ante el pueblo que todo lo perdona!

Pero ahí sigue en pie,
el Coco Basile, un señor director técnico que ¿fracasó en la selección?

Azules están los campos porque vuelve el Coco.
La Bombonera ruge como si le hubieran puesto una bomba en el culo.
Los detractores llenan las páginas de los diarios a doble columna.

Hay traidores,
hay desestabilizadores.

No quiero ni pensarlo. 

El buen amigo de Bahía Blanca regresa con su bolso al hombro ahora para comenzar una nueva etapa en Racing. ¡Una vez mas!
Viene a dirigir al equipo. 

Admiremos a los hombres que se atreven a dirigir pelotones enteros de pataduras, burros, soberbios que deberían estar limpiando vidrios de autos.
(Con todo respeto hacia los limpiadores de vidrios de autos, eh).
Los futbolistas actuales le birlan el puesto a los limpiadores de vidrios de autos, eh.

Admiremos al caballero del fútbol argentino aquel que se sentó en el banco a enseñarle a actuar a estos muertos inválidos.

28 de diciembre de 2011

El hombre kirchnerista (Washington Cucurto)


El niño, el adolescente, el joven profesional,
el hombre-simple, puede terminar ahorcado
en una pieza durante una junta de las Américas.

Ese es el drama del hombre kirchnerista,
oh, muchacho de mi tiempo,
¿inconformismo? ¿soledad? ¿desolación?
¿Inseguridad ante los veteranos que ejercen el poder?

El hombre kirchnerista sabe que puede morir en cualquier momento,
como todos los demás hombres
y nadie le agradecerá nada
es consciente, sabe, que puede ser traicionado
por sus compañeros de agrupación
que lo despiden con un “hasta la victoria, compañero”.

El enemigo número 1 del hombre kirchnerista
no es el capital ni Clarín,
es la hipocresía.
En este punto no hay discusión.

Sin embargo… como dice Aníbal Fernández
(“es tan importante decir sin embargo”),
el hombre kirchnerista se la juega,
vive como puede y es el primero en aplicar
la “sinembargología”.

El hombre kirchnerista vive ninguneado,
desoído su entusiasmo por los viejos carcamanes
que acabarán con esa idea preciosa
del hombre kirchnerista.

El hombre kirchnerista vive como puede y dice “sin embargo”…

El hombre kirchnerista, muchacho de mi tiempo,
vive hacinado en una pieza cercana a la Plaza Miserere,
sin laburo y soportando una “ayuda social”.
Toma mate como Macedonio en una cucheta de Once.
Sabe que la realidad lo tiene atado de pies y manos.

El hombre kirchnerista siempre es joven,
su juventud es su gran característica.
Pensó que iba a cambiar al poder
pero el poder está en manos del ser antikirchnerista.

¡oh, qué paradoja, qué chotada!

Viejos, soberbios, escuálidos, consumidores de Viagra,
millonarios, conservas, son todas cualidades
del hombre antikirchnerista.

El hombre kirchnerista es un hombre imaginario,
sin embargo vive en todos nosotros,
bien adentro, hace años que pugna por salir.

El hombre kirchnerista es un animal comprensivo,
lucha cada día contra la realidad concreta.
“Los sueños mezclados con las convicciones
son lo más importante”.

Sueños y convicciones y ganar de garchar
le sobran al hombre kirchnerista.

El hombre kirchnerista, muchacho de mi tiempo,
tiene novia, le gusta ir al cine, odia la economía,
tiene sueños para tirar a la marchanta.

Vive tardes y noches imaginarias
su imaginación, su capacidad de soñar,
lo volverá un hombre con mil posibilidades.
Muchos sinembargos tendrá el hombre que sueña.

Oh, muchacho de mi tiempo, estoy viejo
pero jamás seré un carcamán.

El hombre kirchnerista al igual que todos
busca una mujer de carne y hueso.
¡Qué mujer la Mili Bermudez, la Flor Monfort, la Julieta Mortati!

El hombre kirchnerista está ahí como un tigre,
dispuesto a dar el gran salto en cualquier momento,
sueña y se alimenta el espíritu
vende golosinas en un kiosco,
sólo milita contra el goliardo de la vida diaria.
Más de una vez por día piensa en Néstor,
sueña con una Mili Bermúdez y es capaz de leer a Quique Fogwill.
Sabe, y yo también lo sé,
que no irá en coche al muere,
cuando todo acabe, plantará violetas.
Cubrirá todo con violetas.

14 de diciembre de 2011

Talleres de escritura veraniega

Taller de escritura samurai


Coordinan Tomás de Vedia y Santiago Llach

Martes de enero y febrero 19 a 23

Zona Retiro, pesos 350 por mes, empieza 10/1

Técnicas de meditación aplicadas a la batalla de la hoja en blanco, escritura en vivo, lecturas de los sensei budistas Carver y Bukowski.



Taller de escritura creativa Gastón Gaudio

Entrenamiento para wasted talents. Bomba e incentivación para pulir el diamante del verso.

Coordina Santiago Llach

Lunes de enero y febrero de 19 a 23.

Zona Obelisco, pesos 350 por mes, arranca 9/1

Taller de escritura creativa Gastón Gaudio



Entrenamiento para wasted talents. Bomba e incentivación para pulir el diamante del verso.

Coordina Santiago Llach.

Lunes de enero y febrero de 19 a 23.

Zona Obelisco, pesos 350 x mes, arranca 9/1

Informes e inscripción en santiago.llach@gmail.com

Estímulos breves y contundentes a cargo de Luis Chaves, Ian Mcewan, Kjell Askildsen, Alejandro Zambra, James Ellroy, Alfredo Jaramillo, Mariano Blatt, Nick Hornby, Angelica Freitas.

17 de noviembre de 2011

Local o visitante

Siguiendo con la modalidad poemas presidenciales, va uno de Hugo Emilio Sánchez, natural como Ella de Tolosa, partido de La Plata:


Negra
los años pasan
ya nada
es como antes
no te paseás
por el centro
ni vas
a los bailes
de regatas
ni de la u
terminaste
la facu
te fuiste
con un flaco
no comprás más
pilchitas en 8
te viste
el cardón
ahora
doctora
que no estás
tu vieja
hizo
pintar
en el frente
de la casa
el escudo
de gimnasia
con ese escudo
el frente es
para
la
no
victoria
a vos
te hubiese
parecido
una grasada
ay doctora
hoy
tu vieja
está
no
feliz
gimnasia
tu club
se fue a la b
el flaco
está
no presente
y vos
lo único
que hiciste
estos
últimos años
es
ser
presidenta.

10 de noviembre de 2011

Anoche soñé que era kirchnerista (Martín Prieto, inédito)

Anoche soñé que era kirchnerista, 
que cenábamos vos y yo en una mesa política
que en la mesa de al lado
cenaban los Kirchner, el Presidente 
-así les dicen, en España 
y en los Estados Unidos a los ex- presidentes:
Presidente, y la Presidenta. Como era verano, y hacía calor
y era una cena política pero informal
el Presidente y la Presidenta estaban descalzos.
Vos -eso me pareció- estabas más atenta a los discursos:
yo sólo miraba los pies. Los pies flacos y largos
del Presidente, los pies de la Presidenta tratados
en pedicuría -tratamiento que no lograba disimular
ni las anfractuosidades del pie presidencial ni
unas durezas amarillas en la base del talón. El
Presidente y la Presidenta discurseaban
se interrumpían amable y amorosamente
se reían y cada tanto se levantaban para marcar cosas
en un mapa que había sobre un pizarrón -momentos
 que yo aprovechaba para focalizar más y más
sobre los pies presidenciales. Cada tanto, dejaban
que otros hablaran también: era, a su modo, una
bajada de línea coral. Para orgullo y alegría de nuestra mesa
en un momento le dieron la palabra a un joven que
estaba sentado con nosotros: no más de veinte años
y vieran qué locuacidad, y qué celebrada su locuacidad.
Yo -no, vos no, vos ya eras de allí- que era un recién llegado
tuve que preguntar:-¿y este quién es?
-Dolci, me dijeron. Es el sobrino del diputado Dolci.
Pero Dolci, pensaba yo en el mismo sueño, dándome cuenta
de que se trataba de un sueño, es el número 8 de Ñuls, que
anoche, mientras me quedaba dormido, perdía tristemente
contra un equipo boliviano. Sin embargo, la potencia
de la ficción le ganaba a la pobreza del realismo futbolero y Dolci
con su insoportable juventud hablaba y hablaba e incluso
contrapunteaba con los presidentes en esa linda cena
de verano y de calor en la que no todos estaban
contentos. Mi cuñado, por ejemplo, que se ve que quería
hablar pero no lo dejaban, o no lo invitaban, me decía:
-Acá, si no te llamás Dolci, no te dejan hablar. Yo trataba
de explicarle que era toda una confusión, que Dolci
no era diputado, que era un 8 medio malo de Ñuls.

9 de noviembre de 2011

Hombre de Cristina, de Washington Cucurto

Me he reducido a ser un hombre de Cristina
En esta época, en estos días, en estos quilombos matutinos
me dejo llevar por la fantasía
que sale de la boca de una mujer.
No participo, estoy viejo,

mis hijos me dejaron mis nietos
para que los cuide.
No participo: cuido críos.

Y la miro, la escucho a ella
por cadena nacional, en bicicleta.
Mi Amada Cristina, morocha seductora
--me atrevo a imaginarle gordas caderas.

Mi Caderona Nacional.
La escucho, la veo
hablar por ejemplo de cooperativismo,
de mujeres embarazadas que tendrán,
a falta de un marido, su ayuda social.

La Morocha Nacional no puede hacer que nos enamoremos de otra.
Veo su cara, su cuerpo, sus palabras
su demoledora tristeza, la tristeza evidente de su alma.
Su Infinita Tristeza en afiches y letreros
por dondequiera que viajo en la gran ciudad.
Se me pianta una lágrima, no voy a negarlo.

No participo, estoy viejo
para cualquier militancia
que no sea leer a Pepe Cuevas, a Lihn o a Teillier

Su foto en las calles
tomada de la mano
de unos niños rumbo al colegio.
Ah...

Estoy viejo para el kirchnerismo,
esa es la palabra exacta.
Pero no estoy viejo para Cristina,
se me pianta una lágrima.
La veo, la escucho, me reduzco
a ser un hombre de Cristina.
Mis hijos se separaron,
se emborracharon
y me dejaron sus hijos.

Hijos de hijos
Estoy viejo para la militancia
para el reduccionismo del kirchnerismo.

La veo, la escucho esa tristeza evidente, infinita
de sus ojos es la misma de mis ojos

Oh Morocha Nacional
tomame de la mano
como un escolar pobre
y enseñame la Casa Rosada.

27 de septiembre de 2011

Contra la poesía: Punctum


(Publicada en Perfil, 25 de septiembre de 2011)

Como quien se acuerda de dónde estaba el día en que mataron a Kennedy o la mañana en que cayeron las Torres Gemelas, yo me acuerdo muy bien dónde y cuándo leí por primera vez algunos fragmentos de Punctum. Fue una tarde del otoño de 1995, sentado en un banco de la Facultad de Filosofía y Letras, a comienzos de la cursada de Literatura del Siglo XVIII. Yo tenía 22 años y pasaba las horas en ese templo de falsos profetas del marxismo y el posestructuralismo, religiones tan descabelladas como aquella a la que razonablemente había renunciado no hacía mucho. Tardé bastante tiempo en darme cuenta de que lo mejor que podía hacer con lo aprendido en esa facultad era olvidarlo.
Devoré la página tamaño tabloide del número 33 del Diario de Poesía que contenía una muestra del trabajo de Martín Gambarotta que -se anunciaba en ese número- había ganado el primer premio del concurso de poesía organizado por la revista. Es difícil encontrar un sustantivo y un adjetivo para describir lo que me produjo esa primera lectura de Punctum. Sentí algo parecido a lo que había sentido en la adolescencia al leer a Kafka o algunas cosas de Borges: que me hablaban a mí, que sus textos eran manuales para orientarse en eso desconcertante y fascinante que son las cosas del mundo para alguien que atraviesa la etapa del crecimiento.
Pero Borges o Kafka ya estaban absorbidos por los administradores de la cultura, ya estaban sobreleídos y sobrelegislados. Punctum era un texto nuevo, caliente, un texto que hablaba del presente, de mi presente. Había sido escrito por un chico nacido sólo cuatro años antes que yo, uno que estaba atravesado por coordenadas sociales y epocales similares a las mías, que había escrito, lo supe esa primera vez, un texto grandioso, que tenía un estilo, que había reinventado el género. Esoera la poesía, por fin.

*

Un año después, el poema fue editado en forma completa por Libros de Tierra Firme. Debo ser la persona que más veces leyó Punctum, pero todavía me cuesta explicar en qué consiste. Mi mente, como los personajes que circulan por el libro, es un poco bovina. Creo, en realidad, que a la literatura no hay que explicarla; la crítica es un negocio de las almas bellas.
Así leí Punctum en su momento: como un manifiesto contra la teoría, contra las buenas intenciones, contra la izquierda autocomplaciente, un retrato social cáustico formulado con un lenguaje novedoso.
Damián Selci y Nicolás Vilela, dos escribas que suelen cometer aciertos a pesar de reivindicarse como jóvenes, críticos y marxistas, resumen con una buena síntesis la fórmula de Gambarotta: Pound, punk y Montoneros.
El padre de Gambarotta, me enteré más tarde, había sido militante montonero y era funcionario del gobierno nacional cuando el libro fue escrito. (Ambas cosas había sido y era mi padre; supongo que eso incidió en la pasión de mi lectura.). La familia se exilió en Inglaterra durante la dictadura, y el futuro autor de Punctum pasó parte de su niñez y preadolescencia en la Londres del punk y el descontento social. Con ese combio biográfico se armó la lengua radical del libro.
Punctum es, formalmente, un conjunto de 39 fragmentos con versos de extensión irregular. Por momentos, parece una novela descoyuntada, que muestra a sus personajes (Confuncio, Guasuncho, Gamboa) mirando series norteamericanas de televisión de los setenta en departamentos de Buenos Aires, esperando ómnibus en una terminal o jugando al ajedrez por correspondencia. Otros momentos son una sucesión de imágenes y aforismos situacionales (“El abogado que mataron metiéndole / un palo en el culo. /.../ La cabecera oxidada / de una cama de hospital / en el basural. / … / O no pasa nada o no entiendo / lo que pasa. / … / En el mismo lugar velocímetros rotos.”) Hay pequeños monólogos; algunos de ellos recurren al humor a través de la anacronía política, como ese en el que alguien cuenta que tienen a un Capitán de Navío en un departamento y se disponen a fusilarlo: “Pero al darlo vuelta me di cuenta / que no era el Capitán de Navío / sino uno de esos jóvenes narradores actuales / con uniforme de la Marina. / Lo reconocí / porque todavía tenía la misma sonrisa fija que aparece / en la solapa de sus más recientes nouvelles.”
El narrador de Punctum tiene siempre una disposición obsesiva, parece no descansar nunca en su recuento de las cosas que piensa y que ve. Es un narrador que vive en estado de guerra. El encabalgamiento (corte del verso en medio de la unidad sintáctica: “Una pieza / donde el espacio del techo es igual / al del piso que a su vez es igual”), la aliteración, la rima interna, el uso de la segunda persona, las oraciones nominales y la enumeración caótica son los procedimientos retóricos, marcas de la operación Gambarotta, mediante los cuales se construye su mirada distópica, degradada y descreída sobre la ciudad.

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Punctum fue, al mismo tiempo, el primer documento literario de un hijo de la experiencia de la guerrilla urbana y probablemente la obra que con mayor pericia tradujo al castellano rioplatense (“tu castellano punk”, dice el narrador en algún momento) los aciertos imaginistas de la poesía norteamericana, esa que vía Pound ponía el acento en los “detalles luminosos”.
La potencia expresiva del libro superaba en aquel momento, al menos en mi lectura subjetiva, la de su género: la experiencia de leer Punctum en aquel momento fue asimilable a la de escuchar un disco de rock, esa otra manifestación del entusiasmo cultural y político juvenil de los baby boomers que para entonces ya estaba muerta. Alguien debería leer también Punctum al lado de Vivir afuera, la novela publicada en 1998 por Fogwill, a quien no casualmente dedica Gambarotta esta reedición conjunta de Vox y Mansalva. Aun con su énfasis en el aspecto sonoro del lenguaje, propio de la poesía, el impulso prosaico de Punctum es tan arrollador que es posible leerlo como una novela.
Inevitable mencionarlo: Punctum, vanguardista en política y en literatura, fue la prefiguración del Billiken montonero que escribirían Caparrós y Anguita en La voluntad, y luego la neomilitancia de estos años. El acting montonero de Gambarotta es una prefiguración refinada del acting psicológico que llevó a los hijos reales o imaginarios del delirio armado setentista a vivir su aventura montonera bajo la forma del apoyo entusiasta al asalto al Estado en curso por parte de una burguesía provincial. Esto no le quita ni le agrega méritos a Punctum, aunque algunos creen que se los agrega.
La contratapa anónima de esta reedición, que colegimos, disculpas si erróneamente, es de autoría del optimismo sucio de Alejandro Rubio, termina adjudicándole al libro un rol profético: “[Punctum aguantó su anacronismo] enraizándose en una tradición de escritores e ideólogos que discuten a los gritos entre sí, pero están de acuerdo en una cosa, en que emerja, como un cuerpo fondeado en el Río de la Plata, el fundamento del orden liberal: la masacre de los disidentes.” En algún momento, los textos revulsivos son asimilados por la cultura y pierden su carácter de tales. Punctum, en mi opinión, siigue siéndolo, salvo que se lo piense como parte del catálogo de la imaginaria y autocomplaciente resistencia del establishment intelectual a tal o cual doctrina política.


29 de agosto de 2011

La renta simbólica

(publicado en revista enie de Clarín el 3 de junio de 2011)

En el momento en que empiezo a escribir estas líneas, la inspiración divina llega por debajo de la puerta. Un soplo energético, propiamente: la factura de Metrogás. Voy derecho a los tres caracteres que más me interesan, impresos en negro sobre fondo salmón: $32. Ocho dólares por el gas consumido en el bimestre (sí que primaveral) marzo-abril, en un departamento de 60 metros del barrio de San Nicolás.



Este obsequio clasemediero, deviddo más que divino, explica mejor las fanfarrias neomilitantes que los índices de pobreza o la improbable esperanza de que otra cosa que el precio de la soja sea la causa del crecimiento económico.


Los sueños revolucionarios de los jóvenes sesentistas fueron una consecuencia de la invención del lavarropas y la televisión, la invención de la juventud como sujeto de consumo. Las contraculturas políticas y artísticas tuvieron como función principal crear ilusiones que el mercado se ocupó de señalizar. Los experimentos del sinsentido, la anarquía y la poesía, son reapropiados de manera inesperada por la sociedad y el sistema. La Alegre Izquierda le hace el juego a Papá Derecha. Lo irrepresentable adquiere representación: kioscos estatales y la cosa siempre un poco sobreactuada de la acción afirmativa.


Los sueños populistas de los jóvenes de 2000 son una consecuencia de la invención de Internet y la telefonía celular. Esta es la era de las góndolas a ochenta centímetros del piso: todos somos artistas y los trendsetters son los niños. Las viejas figuras familiares se desdibujan, y señores en sus treinta y sus cuarenta danzan la cadencia de una adolescencia eterna. El pendeviejismo, etapa superior del kirchnerismo. El kirchnerismo, etapa superior del gorilismo. Los nacidos y las nacidas en los ochenta, hijos de los “consumos culturales” y de una ciudad formateada por el CBC, obsesionados con sus pósteres en los 90, hicieron su maduración rápidamente: de aquel decembrismo anarco al laburo en el Estado negrero.


Todos los militantes, digamosló, son rentados. Al igual que los artistas. El que diga que no es un gorila: se quiere diferenciar del pobrerío clientelar, mano de obra mal ocupada, ariete de la estética pobrista de las marchas al centro con que los jefes de las orgas sociales y políticas ejercen su raterío sobre el Estado superavitario.


Antes que semblar las fracturas y las rupturas, haríamos bien en cavilar sobre las continuidades. Abusando de la ironía leninista, qué duda cabe: el kirchnerismo es la etapa superior del menemismo. 1989-2011: modernización democrática al uso nostro. El griterío militante, el expresivo entusiasmo de las sensibilidades medias: espejitos de colores sobre el plano de fondo de un modo similar de construir la gobernanza y la fuliginosa escena pública.

El neopopulismo es un gesto producido desde la torre de marfil, desde la sistematización culposa de las ciencias sociales especializadas y desde la psicología de una generación que sólo puede revivir la guerra de sus padres (a diferencia de lo que pasa en los EE.UU., donde todas las generaciones tienen su guerra). Los hijos reales y simbólicos del exclusivo club de la guerrilla escucharon la palabra “fierros” en la bocaza de Néstor Kirchner y se plegaron a sus guerras imaginarias. Fuera de la pagoda griega en la que Beatriz Sarlo dialoga con Sócrates, y del trirreme hermético en el que Horacio González lo hace con su sombra, toda suma de caracteres embarra la cancha, desinforma. El origen social de Macri, eso sí, vino como anillo al dedo para que el culpoperonismo warholiano y digital de los chicos del corredor de Rivadavia encontrara su módica bestia blanca. Viejos y nuevos gestos superpuestos, mientras Internet acaba con la educación formal y las jergas excluyentes.