1 de septiembre de 2016

A veinte años de El Salmón de Fabián Casas

Los buenos libros de poesía se parece más a discos que a novelas: uno puede leerlos veinte veces y encuentra cosas nuevas. Es lo que a mí me pasa con El salmón. Unos años después de leerlo, conocí a su autor, y todavía unos años después nos hicimos amigos. Ayer le escribí a Fabián para contarle que se cumplían dos décadas de la publicación y para pedirle que me mandara unos audios de whatsapp leyendo sus poemas. Me dijo que estaba un poco enquilombado. Me habría gustado decirle que, aunque quizás no sea consuelo de nada, escribió unos versos hermosos, que veinte años, dos hijos y dos separaciones después, ya transformado en un hombre que carga sobre todo un pasado, me siguen conmoviendo.

Escribí una nota en La Agenda.


24 de agosto de 2016

La chispa de la conexión: sobre Leonard Cohen

Un coro de voces contradictorias canta en mi cabeza, la de las ancianas figuras, mis predecesores. Pocas cosas me conmueven más que los hombres que se paran con una guitarrita a cantar canciones de amor herido, a seguir un rato con la música, ese entretenimiento supremo, como una manera de afirmar la vida y de vislumbrar si la homofonía de dos versos, la rima, no raspa la chispa de la Conexión y el Sentido. "Ser un songwriter es ser una monja: estás casado con el misterio", le dijo Cohen a un periodista de la Rolling Stone en 2014. Nieto de un escritor talmúdico, se inscribe en la raza ancestral de los que buscan en las letritas la cifra perfecta, la cura divina: y lo hace condimentado y contaminado por ese grito de vida y de muerte que fue el rock. Esa mezcla, para mí, lo transporta a la eternidad.

Escribí sobre Leonard Cohen, en Brando, agosto de 2016.


24 de julio de 2016

5 de mayo de 2016

Talleres: de escritura, y de lectura del Quijote y de literatura argentina

Me gusta leer y escribir y me gusta compartir algunas herramientas relacionadas con esos hábitos. En mis talleres, los años me llevan cada vez más hacia lo simple: incentivo el trabajo y la lectura atenta, y animo a ir incorporando recursos que permitan convertir la experiencia maravillosa y misteriosa de la vida en textos que lleguen, de un modo u otro, a los otros. En mayo arranco un nuevo grupo de escritura quincenal, los jueves a las 10:15, y hay lugar en otros grupos para alumnos que ya tengan alguna experiencia previa. En junio habrá dos talleres de lectura: uno de literatura argentina contemporánea y otro para leer Don Quijote.




Taller de escritura creativa: grupo nuevo, jueves a las 10:15 en Palermo (quincenal)


Gente con talleres ya hechos o avanzados: consultar por el resto de los horarios


Taller de lectura: Don Quijote de la Mancha


Cuatro encuentros, viernes a las 19 en zona Tribunales. Fechas: 17 de junio, 8 de julio, 29 de julio, 26 de agosto.


Taller de lectura de literatura argentina contemporánea:


Cuatro encuentros a lo largo de cuatro meses:


Encuentro 1: Ricardo Piglia, Prisión perpetua / Rodolfo Fogwill, La introducción
Encuentro 2: Pola Oloixarac, Las constelaciones oscuras / Samanta Schweblin, Distancia de rescate
Encuentro 3: Pedro Mairal, La uruguaya  / Damián Ríos, Entrerrianos
Encuentro 4: Antología de narradores jóvenes


Grupo 1: viernes a las 19 en zona Tribunales. Fechas: 1 de julio, 15 de julio, 12 de agosto, 16 de septiembre.
Grupo 2: viernes a las 19 en zona Tribunales. Fechas: 24 de junio, 22 de julio, 19 de agosto, 23 de septiembre.
Grupo 3: jueves a las 10:15 en Palermo. Fechas: 23 de junio, 21 de julio, 18 de agosto, 22 de septiembre.

23 de febrero de 2016

Talleres de escritura y de lectura: programación anual

Ya abrí la inscripción para los talleres de escritura anuales que empiezan en abril. 

Va abajo además la información sobre los talleres de lectura: en abril y mayo leeremos literatura autobiográfica contemporánea por un lado, y por el otro Moby Dick.

Informes e inscripción: santiago.llach@gmail.com.

Talleres de escritura creativa
/Los talleres de escritura creativa son una experiencia de estímulo y trabajo en relación con la escritura. Son reuniones semanales, en grupos de entre cuatro y ocho personas. La base de trabajo son los textos que cada uno trae desde su casa y que se leen durante la reunión. Yo propongo consignas y lecturas para ayudar a producirlos, y la idea es ayudar a encontrar tema, tono y género a través de los comentarios grupales. Organizo los grupos teniendo en cuenta los perfiles de los asistentes y las posibilidades horarias. En grupos con cierto grado de avance, los alumnos trabajan sobre un proyecto más concreto.
Semanales:
Lunes de 19 a 22 / Martes de 15:30 a 17:30 / Martes de 19 a 22 / Miércoles de 10 a 12:30 / Miércoles de 18:30 a 21 / Jueves de 10 a 12:30 (Palermo) / Jueves de 15 a 17 / Jueves de 18:30 a 21 / Viernes de 10 a 12:30 (Palermo) / Viernes de 15 a 17
Quincenales:
Sábados de 10 a 12: Grupo 1: Tribunales. Grupo 2: Acassuso.

Salvo los indicados, el resto es en Talcahuano y Corrientes.

/Talleres de lectura
/Los talleres de lectura son encuentros quincenales o mensuales de conversación en torno a una obra.

Fechas, libros y horarios:
Contemporáneos: La muerte del padre de Karl Ove Knausgård y La amiga estupenda de Elena Ferrante.
Grupo 1: Viernes 15 de abril y viernes 13 de mayo a las 19.
Grupo 2: Viernes 29 de abril y viernes 27 de mayo a las 19.

Clásicos: Moby Dick, de Herman Melville. Viernes 8 y 22 de abril, 6 y 20 de mayo y 3 de junio a las 19.

1 de febrero de 2016

Tres talleres a mitad de febrero

El jueves 11, arranca un nuevo grupo de taller de escritura creativa: será en Palermo de 10 a 12:30.


También a mediados de febrero, dos talleres de lectura, que son encuentros quincenales de conversación en torno a una obra.


Contemporáneos: Viernes 19 de febrero, 4 y 18 de marzo y 1 de abril a las 19. Obras: La guerra no tiene rostro de mujer, de Svetlana Aleksievich; El cielo de los animales, de David James Poissant; Las olas, de Virginia Woolf; y Nada se opone a la noche, de Delphine De Vigan.


Clásicos: La odisea, de Homero. Viernes 12 y 26 de febrero, y 11 de marzo a las 19.

Informes e inscripción: santiago.llach@gmail.com

13 de enero de 2016

Talleres de escritura creativa y de lectura: febrero y marzo

En febrero y marzo arrancan los talleres bimensuales, y de abril a noviembre los anuales. A todos los horarios habituales, agrego jueves de 10 a 12:30 (en Palermo) y de 15 a 17, más quincenales los sábados (ver abajo el detalle). De lectura: arrancamos con La Odisea un año de clásicos, y por otro lado en el de contemporáneos leeremos a la Nobel flamante Svetlana Aleksievich, a Virginia Woolf, Delphine De Vigan y David James Poissant.
/Los talleres de escritura creativa son una experiencia de estímulo y trabajo en relación con la escritura. Son reuniones semanales, en grupos de entre seis y ocho personas. La base de trabajo son los textos que cada uno trae desde su casa y que se leen durante la reunión. Yo propongo consignas y lecturas para ayudar a producirlos, y la idea es ayudar a encontrar tema, tono y género a través de los comentarios grupales. Organizo los grupos por un mix de perfiles y posibilidades horarias. En grupos con cierto grado de avance, los alumnos trabajan sobre un proyecto más concreto.
Fechas y horarios:
Lunes de 19 a 22 / Martes de 19 a 22 / Miércoles de 10 a 12:30 / Miércoles de 19 a 22 / Jueves de 10 a 12:30 (Palermo) / Jueves de 15 a 17 / Jueves de 19 a 22 / Viernes de 10 a 12:30 (Palermo) / Sábados de 10 a 12 (quincenal, avanzado) / Sábados de 18 a 20:30 (Zona Norte, semanal)



/Los talleres de lectura son encuentros quincenales de conversación en torno a una obra.


Fechas y horarios:
Contemporáneos: Viernes 19 de febrero, 4 y 18 de marzo y 1 de abril a las 19. Obras: La guerra no tiene rostro de mujer, de Svetlana Aleksievich; El cielo de los animales, de David James Poissant; Las olas, de Virginia Woolf; y Nada se opone a la noche, de Delphine De Vigan.


Clásicos: La odisea, de Homero. Viernes 12 y 26 de febrero, y 11 de marzo a las 19.

Informes e inscripción: santiago.llach@gmail.com

7 de enero de 2016

La música de mi padre

Trabajo parte del tiempo en mi casa. Después de los cuarenta, lenta y progresivamente, empezaron a aflorar realidades antes ignoradas: problemas de visión, dolores en la espalda y cierta intolerancia auditiva. Una amiga me contó que esto último tiene un nombre: misofonía; la Wikipedia en inglés dice al respecto: “Literalmente, ‘odio al sonido’. Es un trastorno de diagnóstico poco habitual, de origen aparentemente neurológico, que hace que ciertos sonidos específicos disparen emociones negativas (ira, odio, repugnancia, reacción de huida).”
Mis hijos adolescentes empiezan a intercambiar sus horarios con los míos, y aparecen o desaparecen a distintas horas del día y de la noche; con ellos, vienen los sonidos que toda persona, inevitablemente, produce: estornudos, cadenas de inodoros al sonar, subida o bajada de escaleras, televisión, licuadora, música… Mi hijo León tiene quince años; toca la guitarra desde los ocho y hace un año y pico empezó a tocar el violín y a fanatizarse con la música clásica. Es un aficionado al silbido de melodías y un día, hace unas semanas, empezó a tararear una ópera con voz de tenor. La música tiene esa magia: automáticamente, me transporté a fines de los años setenta. La misma voz --una voz genéticamente muy parecida: la de mi padre-- tarareaba arias los fines de semana, mientras se afeitaba o se bañaba. La ópera era la música de mi padre. Yo la recibí por ósmosis; esa parte de la cultura occidental quedó en mí apenas como una pátina. Pero aterrizó en el corazón, el oído y las cuerdas vocales de León, el violinista.
Este año, mi padre sacó dos cazuelas para la temporada del Colón, y abuelo y nieto fueron juntos a ver todas las óperas que se presentaron en el año. Un viernes caluroso de diciembre encararon la última de la serie: Parsifal, “ese intento de asesinato de la ética”, según Nietzsche. La historia de esta búsqueda del Santo Grial es verdaderamente wagneriana: dura más de cinco horas. León se fue a las ocho de la noche (vivimos a tres cuadras del Colón) y lo oí volver entre sueños, a las tres de la mañana, después de cumplir con el ritual de cenar en Edelweiss con su abuelo. Mi amigo el escritor Pedro Mairal dice que hay dos tipos de familias: las teatrales y las telépatas. “La familia teatral es la más expresiva; todo sale para afuera y la gente se grita las cosas en la cara. Son familias de estilo italiano, en las que los hermanos pueden tirarse las sillas por la cabeza y al rato estar abrazados riéndose. Los conflictos salen a la luz, se ventilan en la mesa, hay confrontaciones, se levanta la voz, todo sucede más rápido, porque la energía se libera, el conflicto se vuelve materia actuada para todos los presentes. La familia telepática, en cambio, es para adentro, más de drama psicológico, de angustia larga y silenciosa. En este tipo de familia no se pierde nunca la cordialidad básica, y toda emoción se terceriza.” Mi familia es claramente más del tipo telépata. Pero, intentando imaginar ese diálogo entre mi padre y mi hijo un viernes a la noche --ese pase de postas intergeneracional--, se me aparece mucho más fluido que si uno de los protagonistas hubiese sido yo. Libres de luchas freudianas, habrán hablado de política (con empatía a pesar de que simpatizaron distinto en el ballotage), de Rosario Central (fútbol y política: las novelas de aventuras de los hombres argentinos) y de las regularidades, los hitos que marcan el paso de los días: fin de año escolar, vacaciones, mudanza de mis padres. Y habrán hablado, por supuesto, del género musical al que aman. En el último acto de Parsifal, uno de los personajes, muy operísticamente, le pide a su padre muerto que lo libre de sus sufrimientos y dice que le gustaría morir e irse con él.
Esa noche, volví a leer este párrafo de Niveles de vida, el libro del inglés Julian Barnes sobre su viudez: “Durante la mayor parte de mi vida, la ópera había sido para mí una de las formas de arte más incomprensibles. Pero esa noche entendí que su función es llevar a los personajes lo más rápidamente hasta el punto en que pueden cantar sus emociones profundas. La ópera --igual que la muerte-- va al grano. Ahora, me atrapaba este arte en el cual la norma era la emoción violenta, abrumadora, histérica y destructiva; un arte que busca, mucho más obviamente que cualquier otra forma artística, romperte el corazón.” Mientras mis ojos se cerraban, pensé que la literatura, una vez más, me había ayudado a entender la vida: a mi padre, a mi hijo, al nexo que los une, esa música grandiosa que me es ajena, donde reina la emoción.

Publicado en la revista Brando, número de enero de 2016.

10 de diciembre de 2015

La música de la transición

El colectivo de larga distancia restaba bajo un árbol que apenas le daba sombra, medio inclinado, junto a la entrada del camping SAC de Colonia Suiza, Bariloche. Adentro había sesenta chicos de sexto y séptimo grados; y el chofer. Afuera, los docentes deliberaban, iban y venían. Estábamos ahí hacía dos horas, recién llegados de Buenos Aires; por algún motivo (recambio campístico, quizás) todavía no podíamos instalarnos. El Enano Galucci, desde el fondo, empezó a entonar “Para el pueblo lo que es del pueblo”, la canción compuesta por Piero nueve años antes, en otra primavera. La melodía prendió como fuego: pronto, los sesenta niños de colegio católico privado convertíamos aquella pieza del combate mental psicobolche en canto de nuestra resistencia infantil. Era el 9 de diciembre de 1983, el último día del Proceso de Reorganización Nacional, un gobierno al que ya muchos habían empezado a llamar dictadura. Esa palabra, épica y terrible, también se había colado en nuestros recreos con forma de música pegadiza: “se va a acabar, se va a acabar la dictadura militar”, augurábamos los rebeldes, los alfonsinistas y los nerds.
Al día siguiente, desperté con la voz radiofónica de un hombre. Uno de los preceptores había puesto bien fuerte, en un grabador cerca de la cabaña semitechada donde funcionaba la cocina, la transmisión de la asunción presidencial. Hoy siento que las ondas de esa voz alfonsina, que recitaba el preámbulo de la Constitución mientras mis compañeros y yo acomodábamos la carpa, traspasaban el arroyo ahí a unos metros, y más atrás el Nahuel Huapi y las montañas, y llegaban hasta los cóndores. También me acuerdo, en la confusión de esos años (todas las épocas son confusas), de otras melodías superpuestas: las dietéticas y sintéticas del primer Soda Stereo, el trinar bailable de Michael Jackson —el niño maravilla que arrasaba con cualquiera diferencia—, la ópera, el tango y el folklore que escuchaba mi padre…
Me gusta ordenar esa banda ancha donde confluyen la historia pública y la privada, la vida, según dos criterios: mundiales de fútbol y períodos presidenciales. La política, ese griterío falso y necesario, ese motor de cambios y de hastío, nos lleva siempre hacia lo unívoco y nos da el falso consuelo de la impostura. Si pienso en la música que sonaba en cada transición gubernamental, en cambio, veo el mosaico de esa complejidad que somos.
Poco tiempo después de aquel “Para el pueblo…” en un ómnibus alquilado --el tiempo de nuestros años cruciales-- la primavera alfonsiniana se descomponía y llegaba Menem a presidir nuestra entrada ríspida a la adultez. Si tuviera que musicalizar esos días filípicos del austral cayendo en picada en julio del 89, lo haría con dos registros contradictorios del 88: el disco Patria y muerte de Don Cornelio, lírica oscura y brutal de un Rimbaud tanguero, y los hits bailables y galletas de Erasure, que en esa temporada eran la banda sensible de los días festivos.
Fuimos veinteañeros en la era del corral convertible: en la época de la felicidad frágil, en que todo está al alcance de la mano, importamos compact discs. Al tiempo finisecular de la oclusión de don Carlos y la esperanza blanca que encarnaron De la Rúa y Alvarez le pondría los sones de Manu Chao: nos latinizábamos y ya nunca más seríamos hippies. Se acababan las excursiones a Malasaña y nuestros amigos (nosotros mismos) empezaban a ser padres: por si acaso, lo hacíamos canturreándole a la Pachamama, un poco con reggae, un poco con punk.
Se acabó la afasia delarruista y sobrevino la transición peronista permanente: asambleas barriales proteicas, presidentes rápidos, dólar movedizo y un líder de emergencia (Duhalde) que sentó las bases del orden por venir. El Andrés Calamaro caótico y prolífico de esa época (el de “No tan Buenos Aires”, “Paloma” y “Con Abuelo” en Honestidad Brutal y “El salmón” y “Días distintos” en El salmón) cantó esa época para mí, hasta la llegada de los Kirchner: los años locos de nuestros sueños vencidos. Fue el trovador sociológico sin didáctica progre, el predictor sensitivo de las calles ensombrecidas por el tipo de cambio.
Asomaban las llamas de Cromagnón y las mejores melodías próximas vendrían del indie: Onda Vaga, Flopa o Él mató. Yo ya era grande y entraba en la edad en que ya no se escucha música nueva.

¿Qué banda de sonido le pondrán los viejos del futuro al final de los años kirchneristas y a esta nueva transición?


(Publicado en Brando, número de diciembre)

7 de diciembre de 2015

Talleres de escritura creativa y lectura: enero

Los talleres de escritura creativa son una experiencia de estímulo y trabajo en relación con la escritura. Son reuniones semanales, en grupos de entre 6 y 10 personas. La base de trabajo son los textos que cada uno trae desde su casa y que se leen durante la reunión. Yo propongo consignas y lecturas para ayudar a producirlos, y la idea es ayudar a encontrar tema, tono y género a través de los comentarios grupales.

Escritura
Ocho grupos:

Lunes de 19 a 22 (empieza el 4/1)
Martes de 19 a 22 (empieza el 5/1)
Miércoles de 10 a 12:30 (empieza el 6/1)
Miércoles de 19 a 22 (empieza el 6/1)
Jueves de 19 a 22 (empieza el 7/1)
Viernes de 10 a 12:30 (Palermo) (empieza el 8/1)
Sábados de 10 a 12 (empieza el 9/1)
Sábados de 18 a 20 (Florida, PBA) (empieza el 9/1)

Todos salvo los indicados son en la zona de Tribunales.

Lectura

Los talleres de lectura de enero consistirán en dos encuentros quincenales. Leeremos El Reino de Emmanuel Carrère y Las Némesis de Philiph Roth. Habrá dos grupos. Grupo 1: viernes 8 de enero y viernes 22 a las 19. Grupo 2: viernes 15 y viernes 29 a las 19.

A partir de febrero, habrá los mismos horarios para escritura. De lectura, seguirá uno de autores contemporáneos y habrá otro en el que leeremos, a lo largo del año, cuatro obras clásicas de ficción: la Odisea (febrero), Moby Dick (marzo-abril), el Ulises de Joyce (mayo-junio) y el Quijote (julio a septiembre). 
Informes e inscripción: santiago.llach@gmail.com

El chico de las canciones agónicas

(publicado en revista Brando, número de noviembre de 2015)



Una noche, en los 90, invité a salir a una chica y la pasé a buscar en auto por su casa. Tenía puesto en el equipo de música uno de los discos solistas de Luca Prodan que editaron post mortem. La chica me preguntó qué era esa música. Luca Prodan, le dije, el de Sumo. "¿Quién? No lo conozco", me dijo. Instantáneamente supe que la cita no iba a funcionar. Y así fue. 
Supongo que hay una relación entre la intensidad con que uno idolatra a algunos artistas en la adolescencia y la inseguridad con la que encara la vida en esa etapa. Y la intensidad de la idolatría depende un poco de cuán obsesivo sea uno. Hay gente que escasamente se comporta como fanática, que nunca agarró la obra de un artista y la consumió toda entera. No era mi caso; yo me aferraba a mis ídolos, como a pilotes que sostenían mi desarreglo hormonal.La galería de esas figuras que presidieron mi imaginación adolescente sigue sobrevolando mi cabeza, como un compendio de murciélagos endebles que orientan mi modo de percibir las cosas. 
Crecí, y mi manera de pensar cambió bastante. A los 43, y con un pasado rebelde, soy algo muy parecido a un señor conservador. Mi evaluación del rock nacional, lo confieso, es bastante negativa. Supongo que eso significa que en alguna medida no terminé de crecer: seguir aferrado -aun de manera no positiva- a cosas que hicieron personas hace treinta años es un poco quedarse anclado en aquel momento, el de la juventud dorada; es resistirse a crecer. 
Si con los viejos ídolos del rock que siguen vivos (el Indio Solari) por momentos siento algo parecido al enojo, con Luca Prodan lo que me aflora más bien es una ternura compasiva. Yo tenía 15 años cuando murió: fui carne de cañón de su prédica nihilista. Hoy no puedo dejar de verlo como a un chico desgraciado, un joven con problemas mentales que no pudo encontrar su lugar en este mundo, que nunca lo soportó y murió trágicamente a los 34 años. Los seis últimos años de su vida, sin embargo, le alcanzaron para caer a este rincón perdido del mundo y transformarse en héroe, mártir y mito. Luca es el prototipo del artista romántico: su potencia es mortuoria. A los que decidimos transitar caminos menos extremos, ¿nos ilumina en algo esa inconsciencia trágica? 
En un punto pienso que no. Pero: busco en YouTube After Chabon, el último disco de Sumo, y lo escucho entero. (No deja de sorprenderme esa instantánea disponibilidad de la producción cultural universal que caracteriza a esta época; el exceso digital conspira, de alguna manera, contra los mitos: democratiza e iguala. Pero eso, me digo, es también un pensamiento romántico: es una sensación que ya otros expresaron ante los avances tecnológicos). Luca, o la mitología precaria que se tejió en torno a él, me resulta infantil, desahuciado. Pero escucho sus canciones y las emociones que producen en mí siguen intactas. En parte, claro, porque la música tiene esa magia. Es como la famosa magdalena del personaje de Proust, cuyo sabor le traía de repente una inundación de infancia. La música, arte sensorial, me lleva de un golpe a otra época, a los años que mi melancolía cree mejores o que, irremisiblemente, ya pasaron. 
La obra del prototipo del artista romántico nos transporta a esos años a los que nuestra melancolía recuerda como los mejores.

(Como siempre que escribo esta columna, mientras lo hago siento que hay un exceso de primera persona. ¿Lo que importa acá es Luca Prodan o lo que me pasa a mí con Luca Prodan? No tengo pretensiones de importancia; pero lo que intento hacer es registrar lo que le pasa a alguien con la música, un x como yo. 
Luca Prodan fue una polilla incendiada que giró en torno de ese oxímoron llamado rock argentino mientras este se organizaba como industria. En el reciente Juventud divino tesoro, su biógrafo Oscar Jalil dice que hacía un "rock brutal y distinguido, arrogante y cercano". Italiano-escocés con residencia sentimental en la Londres punk del 77, Luca cargaba también los equívocos prolíficos de la relación histórica entre Argentina e Inglaterra: las invasiones, los ferrocarriles, los frigoríficos y la Baring Brothers. En la era post Malvinas, este país contradictorio convirtió a un exiliado proto-inglés en su máximo héroe alternativo. En un campo cordobés (en Nono, una localidad con toques de colonia inglesa) y en un suburbio también con fintas aristocráticas anglo (Hurlingham), Luca coció su Jekyll y Hyde: el reggae y el punk como dos maneras agónicas de narrar lo que veía y sentía. Así, sostenido por una banda sólida en su desparpajo (Sumo fue una escuela de la industria cultural), Luca cuajó en su último disco, meses antes de morir de inanición emocional, una profecía tierna ("No tan distintos (1989)"), un divertimento melódico con algo de arqueología rockera ("Hola Frank"), una canción alegre para los chicos que íbamos a misa ("Noche de paz") y un hermoso poema en ralentti a la amistad entre el hombre y la mujer ("Percussion Baby"). Versátil, exagerado, tonto y mortal, Luca fue al fin sólo un chico que hizo canciones. Más no se le puede pedir a nadie

12 de noviembre de 2015

Gracias a vos, Lorrie

(publicada en Brando de noviembre)

Lorrie Moore, Gracias por la compañía, Seix Barral, 2015.

La distribución en la Argentina del último libro de cuentos de Lorrie Moore es quizás la noticia literaria del año. En la última década larga, tan sólo su novela Al pie de la escalera circuló entre nosotros. Las obras maestras de esta norteamericana nacida en 1957 (la novela Hospital de ranas y los libros de cuentos Autoayuda, Como la vida misma y Pájaros de América) fueron editadas por Emecé a fines de los años noventa y principios de los 2000, y convirtieron a Moore en lo que es también en todo el mundo: el secreto mejor guardado de la literatura de las últimas décadas.
La narrativa norteamericana del siglo XX es probablemente uno de los grandes momentos de la historia del arte, tal como lo son la pintura italiana del Renacimiento o la música alemana de los siglos XVII a XIX. Lorrie Moore es la frutilla en el postre de esa gran tradición que incluye a Hemingway, Faulkner, Salinger, Cheever, Flannery O’Connor, Carson McCullers y Carver, entre muchos otros. Sus ficciones, ancladas en esa épica de las pequeñas cosas típica de la literatura norteamericana, empalman también otra tradición: la de aquellos escritores más extraños, como Nabokov o Pynchon, más preocupados por los juegos de lenguaje. Moore aúna de manera maravillosa ambas vertientes: sus cuentos tienen fuerza narrativa pero también son un canto.
Con sólo siete libros publicados en treinta años. Moore se toma su tiempo para escribir, y eso se nota. Sus protagonistas son antiheroicos: mujeres dislocadas y hombres débiles sin demasiado brillo profesional pero, generalmente, poseídos por un ingenio melancólico que los desnuda en epifanías deliciosas. La contratapa de esta edición de Seix Barral dice que el estilo de Moore nunca es sentimental, y uno diría más bien todo lo contrario: todo es sentimental en Moore. Una cena de recaudación de fondos para una revista literaria o un masaje con piedras calientes pueden disparar el desgarro existencial, narrado siempre por Moore a partir de delicatessen luminosas: un recién separado que no puede sacarse el anillo de bodas y que casi termina detenido por incendiar un quincho mientras intentaba quemar su traje de casado o un hombre que cree que su interlocutora ocasional tiene una belleza exótica cuando en realidad padeció una cirugía estética total después de ser víctima del atentado contra el Pentágono.
Leer a Lorrie Moore es algo más que leer literatura: es una experiencia que nos trastoca, porque sus cuentos logran situarnos en este barco trágico y misterioso en el que estamos todos, el de la condición humana. La reseñista Erica Wagner lo dijo muy bien en el Financial Times: “Gracias por la compañía nos recuerda que la ficción tiene el poder de recrear el mundo e iluminarlo de tal forma que consigue que nos veamos a nosotros mismos y lo que nos rodea como si fuera la primera vez. Leer estos relatos es una experiencia intensa, inquietante y extremadamente gratificante.”
Las ilusiones esteticistas del siglo XX mueren con Lorrie Moore. No casualmente, su primer libro se llamó, un poco irónicamente, Autoayuda: lejos del divertimento vacuo y del esnobismo intelectual, Moore hace un esfuerzo sobrehumano para tratar con respeto mágico ese gran invento que nos hace ser lo que somos: el lenguaje. Y el lenguaje, como en las cavernas, en las religiones y en las terapias, nos sirve para entendernos un poco mejor y también, por qué no, para darnos fuerzas. Imbuida de ese cóctel tan norteamericano que forman la atención material a los detalles y las inquietudes espirituales (materialismo + mística), la literatura de Lorrie Moore es literatura de autoayuda para gente culta. La decepción amorosa, el letargo matrimonial, las crisis de la edad mediana, la paternidad y la maternidad, el cáncer (los dramas de la clase media) son narrados por Moore con crudeza imposible, con solemne banalidad. En tiempos en que la corrección política puede convertirse en una hipocresía moral ilustrada, varios de los cuentos de Gracias por la compañía (como ya ocurría en Al pie de la escalera) usan como escena de fondo las incursiones guerreras norteamericanas en Medio Oriente. Moore, nunca bienpensante pero sí posprogresista como buen alma cultural de esta época, tuerce esos temas para exhibir con amor las contradicciones de sus personajes. Como dice uno de ellos acerca de otra cosa, la literatura de Moore es “una forma sentimental de la historia”.
El gran esfuerzo artístico que Moore lleva a cabo y con el que premia a sus lectores es el de mostrar al ser humano sin adornos complacientes pero sin innecesaria crueldad, con ternura y sin cinismo. Uno, que la lee con devoción religiosa, se lo agradece eternamente.


11 de noviembre de 2015

Talleres de escritura creativa: diciembre y enero

Los talleres de escritura creativa son una experiencia de estímulo y trabajo en relación con la escritura. Son reuniones semanales, en grupos de entre 6 y 10 personas. La base de trabajo son los textos que cada uno trae desde su casa y que se leen durante la reunión. Yo propongo consignas y lecturas para ayudar a producirlos, y la idea es ayudar a encontrar tema, tono y género a través de los comentarios grupales.

Diciembre 

Lunes de 19 a 22 (empieza el 14/12)
Martes de 19 a 22 (empieza el 1/12, CUPO COMPLETO)
Miércoles de 10 a 12:30 (empieza el 2/12)
Miércoles de 19 a 22 (empieza el 2/12, CUPO COMPLETO)
Viernes de 10 a 12:30 (Palermo, empieza el 4/12, CUPO COMPLETO)
Sábados de 10 a 12 (empieza el 5/12)

Todos salvo el del viernes son en la zona de Tribunales, y el costo es de 700 pesos.

Enero

Abriré los mismos grupos de escritura, y se sumarán los de los jueves a las 19 y sábados a las 18.

Los talleres de lectura de enero consistirán en dos encuentros quincenales. Leeremos El Reino de Emmanuel Carrère y Las Némesis de Philiph Roth. Habrá dos grupos y el costo será de $400. Grupo 1: viernes 8 de enero y viernes 22 a las 19. Grupo 2: viernes 15 y viernes 29 a las 19.

Informes e inscripción: santiago.llach@gmail.com

28 de octubre de 2015

Generaciones que navegan entre dos pogos

Vuelvo en taxi por la avenida Santa Fe, un viernes caliente de invierno a la noche, con mi hija Benita. Ella va mirando por la ventana izquierda. Tiene 12: tiene puestos short, borceguíes prestados por la madre y sombra en los ojos. Volvemos del baile de su grado, séptimo. Benita es una nena, todavía, hoy disfrazada de mujer, y ve llegar con ansiedad, sorpresa, temor y entusiasmo el muro del coming of age. En los mediodías sale sola a almorzar con las amigas, y descubre la ciudad. Los sábados, a veces, va al Recoleta Mall con sus viejas amigas del primario o con sus nuevas amigas de este año de ingreso a los colegios secundarios de la UBA. Es su era de la transición, la era de la pérdida de la inocencia, la era brillante e intensa del pase de postas. Benita tiene unos ojos celestes amorosos y ávidos, es una creadora de lazos, es firme y, claro, caprichosa. 

Le pregunto qué tal la fiesta y me dice: "Malísimo el DJ. No pasó «Jijiji» ni «De música ligera»". Y yo, por supuesto, vuelvo de un golpe musical, veinticinco años atrás, a mi aleph personal donde figuran un bar a la calle en Canasvieiras, Santa Catarina (Brasil), los estadios de Vélez, Racing y el Mundialista de Mar del Plata, el Autopista Center de Floresta, una fiesta en San Fernando, un verano en Miramar. lugares donde esas canciones quedaron para siempre sonando en mi memoria emotiva. Pero antes, por un segundo, como el crítico literario amargado del cuento "Una bala en el cerebro" de Tobias Wolff, que en el último instante recupera el momento mágico de los 13 años en el que descubrió la poesía cuando se quedó colgado con un error gramatical de un amigo, me fijo en la aliteración de esa dupla de canciones: li-ge-ji-ji-ji. 
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21 de octubre de 2015

Talleres de lectura y de escritura creativa: noviembre y diciembre

Talleres 2015. Lectura y escritura creativa, noviembre-diciembre


Taller de lectura: Lorrie Moore, Ricardo Piglia, Jorge Luis Borges


Encuentros de conversación acerca de un libro. Dos grupos.


  1. Gracias por la compañía, de Lorrie Moore: viernes 6 de noviembre / martes 10 de noviembre.
  2. Los diarios de Emilio Renzi, de Ricardo Piglia: viernes 20 de noviembre / martes 24 de noviembre.
  3. Selección de cuentos de Jorge Luis Borges: viernes 11 de diciembre / viernes 15 de diciembre.
  4. Cierre del año: más Lorrie Moore: viernes 18 de diciembre / viernes 22 de diciembre.


Horarios: Grupo 1: viernes de 19:15 a 21 (cupo completo). Grupo 2: martes de 17 a 18:45.
Lugar: Tribunales
Costo: 700 todo el curso
Información: santiago.llach@gmail.com


Talleres de escritura creativa
Diciembre
Cinco grupos semanales: martes a las 19, miércoles a las 10, miércoles a las 19, sábados a las 11, sábados a las 18 (este último es de lectura y escritura de poesía).
Todos en zona Tribunales.
Costo $900


Enero
Grupos varios; consultar horarios.