11 de marzo de 2014

Humana, demasiado humana

(Sobre Las lunas de Júpiter de Alice Munro, publicada en RollingStone de marzo)


La escena que funda la ficción norteamericana del siglo XX es rusa. En el cuento “La dama del perrito”, publicado en 1899, Antón Chéjov cuenta la historia de amor entre un hombre y una mujer infieles. El narrador los sigue hasta la puerta del cuarto del hotel de ella y, de repente, salta y muestra al hombre comiendo una sandía y a ambos en silencio. Chéjov no necesita dar los detalles del acto sexual. La elipsis es una técnica fundamental: qué contar y qué dejar a la imaginación es clave en ese juego de indicios que es un cuento.
Alice Munro nació en 1931 en Canadá y en 2013 ganó el Premio Nobel. En el medio, publicó catorce libros de cuentos. No tiene una vida aventurera para vender, ni tampoco historias convertibles en contratapas graciosas.
La Wikipedia en inglés, a menudo prudente, dice de Munro que “revolucionó la arquitectura de la short story”. Mentira: el cuento, ese observatorio de las relaciones humanas hecho de epifanías domésticas á la Chéjov, es el más conservador de los géneros literarios, el mismo que practicaban hace milenios los hombres junto al fuego y los padres con sus hijos antes de dormir. Con su precisión poética característica, la propia Munro dice que los cuentos, más que un camino por el cual avanzar, son como casas en las que uno entra, va para acá y para allá, se instala donde quiere, investiga la relación entre cuartos y pasillos y descubre cómo el mundo exterior se modifica al ser visto desde sus ventanas.
El pendón del Nobel suele ser una excusa que se da la industria del libro para perpetrar homenajes. Muchos de ellos son infatigables, y algunos incluso bienvenidos por lectores que descubren, tarde pero seguro, a un autor. Este es uno de esos casos. Penguin Random House emprendió la edición y reedición de títulos que hasta hace poco no se podían conseguir en español.
Munro llegó demasiado tarde, ya madre y esposa, al flower power y la llamada liberación femenina, pero sus cuentos son crónicas candentes de la sexualidad de las mujeres. Las lunas de Júpiter, su quinto libro, publicado en el inglés original en 1982, incluye doce relatos. Las historias no son épicas, sino chiquitas: una mujer que revisa las ramas materna y paterna de su familia mientras parece estar a punto de separarse, otra que recién separada comparte una sobremesa en un hotel isleño con trabajadores de la construcción, una que conversa con su padre sobre las lunas de Júpiter mientras este agoniza. Munro es el tipo de autora que acompaña al lector sin estridencias, que le permite el goce de anticipar situaciones pero también lo sorprende con escenas, como la del inolvidable marido-a-punto-de-dejar-de-serlo al que la protagonista le tira una torta en la cara, mientras la bandeja sigue volando. Y es sobre todo una maestra de la compasión, una artesana de ese mecanismo relojero de comprensión de lo humano en que consiste la mejor literatura.


1 comentario:

Lillian Gish dijo...

che esa elipsis de la que hablas es mas de sintaxis audiovisual que gramatical.
Pero bueno da igual evidentente porque la publicaste y ya todo el mundo va a entender cualquier cosa.