Turismo social
Pasé algunos veranos de mi infancia y lo peor de mi adolescencia en el balneario bonaerense de Quequén, uno de los últimos reductos oceánicos de las Tres A(1) en estado más o menos puro. En ese microclima social que se reproducía anualmente, los hijos de la familia R eran lo más parecido a las estrellas del lugar: jóvenes, claro, lindos y levemente escandalosos. H llegó a ser número uno del squash nacional, M tiene una tienda de diseño en Palermo Soho, MJ se casó con un as del polo.
El otro día, transitando por Palermo Kosovo (Puente Pacífico según el nomenclador catastral), entré al kiosco de peor muerte de los muchos que hay por ahí y después de muchos años sin verlas (sólo en revistas) me sorprendí al encontrarme en ese lugar con las dos hermanas, notorias como siempre, atravesadas por el paso inconsolable de los años.
Ayer, luego del fulbito en el TCA (en el que una vez más los Azules les rompimos el culeco a los Blancos de la mano del fenómeno Ale Lasaigues), caí a una cena de guerrilleros del para-periodismo en Contigo Perú. El largo calentamiento local de la economía (la Lavagnomics) hizo que la capacidad del lugar se viera excedida. Mientras esperábamos mesa, distinguí a lo lejos a H, el hermano varón de la familia R (según recuerdo ahora, había otro hermano a quien, elocuentemente, apodaban Porky).
La vanguardia de las Tres A hace pie en América Latina; según un dato de FF que acabo de corregir y aumentar vía Google,(2) es probable que en el Gran Buenos Aires residan más bolivianos que en cualquier ciudad de Bolivia.
(1) Léase "Anchorena Álzaga y Alvear", vieja metonimia coloquial que designaba al núcleo social de familias de la oligarquía agraria, y no "Alianza Anticomunista Argentina", fuerza de choque de la derecha peronista liderada por el Brujo José López Rega.
(2) Aunque no tengo acceso a datos fidedignos, FF replica convincentemente que es improbable que los ciudadanos bolivianos en la Argentina superen el millón aproximado que habita La Paz o Santa Cruz de la Sierra.
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